martes, 8 de febrero de 2011

La campiña, tierra de pan para llevar (1)

A los que andamos por la comarca del Guadajoz, el paisaje de la campiña se nos antoja cercano, con lomas características, rematadas por pueblos, cortijos y caseríos sobre un mar de tierra calma, de sembradío, o tierra de año y vez.

Construimos el paisaje desde nuestra propia vivencia y aprendizaje. Para unos, la imagen descrita en el párrafo anterior, recoge un espacio vivido en un momento dado, desde la siega o la historia del abuelo. Para otros, la imagen no es más que un fotograma de una película que recoge los primeros pasos de la transformación del espacio a base de piedra y sangre, hasta la aparición de ingenios mecánicos de fibra de vidrio, plástico y acero.

La evolución de la campiña, es algo parecido a esas películas de larga duración, en la que cada personaje desarrolla su propia historia de forma pausada, a veces lenta y casi cansina. Transcurre así la película sin sobresaltos hasta que de repente, sin previo aviso, el desastre natural o artificial acelera la acción y une a los personajes bajo un mismo argumento.
La historia de la campiña es la película de la transformación de un espacio original por el hombre con dos partes bien diferenciadas. Durante la primera, diferentes actores van apareciendo lentamente sobre un mismo espacio dejando huellas características a lo largo de miles de años. En la segunda parte, el tiempo de la acción corre a gran velocidad, sin tiempo si quiera para asimilar o reflexionar sobre el dialogo o la calidad del plano.

Antes de que la Bética fuera despensa de Roma, la campiña fue espacio de caza y recolección durante el Paleolítico. Con el neolítico llegarían los primeros cambios del espacio. La puesta en cultivo del territorio llevó a una gran deforestación inicial de las zonas más bajas y próximas a los ríos para el cultivo de la escanda, trigo y cebada, alimentos base acompañados de bellotas y olivillas. Se continuaba cazando el ciervo, el conejo, el jabalí e incluso el lince, pero ya aparecían especies domesticadas como cerdos, ovejas y cabras. Durante el Calcolítico la agricultura se intensifica, aparecen nuevas herramientas para labrar la tierra y nuevas actividades asociadas a la aparición del telar [1].

Durante la Edad del Bronce, continua la ocupación de la campiña. Sin embargo, es en el ámbito del mítico Tartessos cuando se intensifica la agricultura mediante verdaderos procesos de colonización agraria en varias zonas de la campiña [2] y se promueve los intercambios comerciales de los excedentes de producción [3]. En el mundo ibero, la campiña ya es un espacio agrícola consolidado que relega la vegetación natural a zonas más altas. Se cultivan nuevas especies de trigo y cebada, junto con guisantes, habas, lentejas y garbanzos, y se potencian cultivos leñosos como la vid, el almendro y el olivo en antiguas zonas de monte mediterráneo [4].

Queda así dibujado el paisaje agrario típico de la campiña del Guadajoz, una imagen básica mantenida durante siglos por romanos, visigodos y musulmanes, con muy pocos cambios hasta mediados del siglo XX. Tras la conquista de Córdoba y los pueblos de la provincia por el Rey Fernando III (1236-1241) la campiña aparece como una extensa comarca de tierra y calma, tierras de año y vez. En las fuentes documentales hay pocas citas sobre olivar, como pequeña es la superficie ocupada por otros cultivos como la vid y el regadío [5].
A mediados del siglo XVIII casi tres cuartas partes de la campiña están cultivadas, y casi la totalidad en zonas alta rentabilidad agrícola asociada a los señoríos, como en el caso de Baena y Albendín. El regadío, la viña y el olivar seguían siendo cultivos secundarios por debajo del 1% de la tierra, cerca de los núcleos de población y ausentes en los señoríos y despoblados, como nuestra Silera [6]. El trigo era el principal cultivo en las tierras acortijadas o en las hazas sueltas y ruedos. Le seguía la cebada, base para la alimentación del ganado de labor, como la escaña, aunque serían panificables en tiempos de escasez. Seguían al cereal las leguminosas, garbanzos, lentejas y habas pero también yeros y alverjones para el ganado.
Cien años más tarde, se ven pocos cambios a nivel general, mientras que en algunos casos como el de Baena, la puesta en cultivo del Monte Horquera (1820) así como la transformación de algunas dehesas como Fuentidueña o Guta, entre otras, incrementan la superficie de olivar al 23% del municipio. La desamortización así como la eliminación del monopolio de la molienda, en el caso de Baena, contribuyeron posteriormente a la expansión de este cultivo, que todavía mantenía un segundo puesto respecto al cereal.


Entramos en el siglo XX. Entre 1950 y 1970 comienzan los grandes cambios en la campiña: la superficie de olivar sigue creciendo, superando ya a la de cereal, en franco retroceso, sobre todo la cebada, a raíz de la aparición de nuevo cultivo en 1967, el girasol [7]. Otros cultivos tradicionales como los garbanzos y las habas están desapareciendo, igual que cultivos industriales como la remolacha y el algodón que tuvieron cierta importancia en el siglo pasado.


La película de la campiña no acaba aquí. Hoy hemos viajado a lo largo siglos de historia de forma rápida y sintética (y por tanto muy atrevida) sobre uno de los protagonistas, el uso agrario del suelo. No hemos entrado en detalles sobre otros aspectos básicos del territorio y necesarios para su interpretación. Quedan cuestiones clave como la evolución del sistema de asentamientos, vías de comunicación, estructura de la propiedad y, de cara al futuro, posibles estrategias de desarrollo alternativo de actualidad con la propuesta de nuevas actividades en torno al patrimonio histórico de la campiña.

[1] ACOSTA MARTÍNEZ, P. (1995). Las culturas del Neolítico y el Calcolítico en Andalucía Occidental. Espacio, Tiempo y Forma, Serie I. Prehistoria y Arqueología 8. Pp: 33-80.

[2] RODRÍGUEZ DÍAZ, A. (2008). “Colonizaciones agrarias” y procesos regionales en la Protohistoria del Suroeste de la Península Ibérica. XVII International Congress of Classical Archaeology, Roma 22-26 Sept. 2008.
[3] BARCELO, J.A. (1995) Sociedad y Economía en el Bronce Final Tartesico. En Tartessos, 25 años después. 1995. Ediciones del Ayuntamiento de Jerez.
[4] RUIZ, A.; RODRÍGUEZ-ARIZA, Mª. O. Paisaje y asentamiento entre los iberos de la cuenca del río Guadalquivir (S. VI al III a. n. e.). http://www.ujaen.es/centros/caai/articTaranto.htm
[5] LOPEZ ONTIVEROS. A. (1970). Evolución de los cultivos en la campiña de Córdoba del siglo XIII al siglo XIX. Papeles del Departamento de Geografía, 2. Pp: 9-77
[6] La Silera de Albendín. Albendín desde la Torre. http://albendindesdelatorre.blogspot.com/2011/01/la-silera-de-albendin.html

[7] LORING MIRO, J. (1981). La campiña de Córdoba. Necesidad de un cambio estructural. Colección de Estudios Cordobeses 18.
[8] INE (2000). Censo Agrario 1999.

domingo, 9 de enero de 2011

La Silera de Albendín

La campiña cordobesa es tierra de cereal por excelencia. Durante siglos, el paisaje de tierra calma característico ha permanecido casi fosilizado desde la época ibero-romana hasta nuestros días. No es hasta mediados del siglo pasado cuando, con las nuevas orientaciones de la Política Agraria Comunitaria, la mejora tecnológica y el avance del regadío, la campiña comienza a transformarse lentamente [1, 2]. De esta transformación hablaremos en su momento.


Vista general de la campiña desde el Montecillo (E. Mellado, octubre 2003).

De la importancia de este cultivo en la antigüedad han quedado por todo nuestro territorio restos de herramientas o almacenes de grano. Ya hablamos en una entrada anterior de la presencia de numerosos molinos de distintas épocas en nuestro entorno [3]. También son típicas las hoces de neolítico para la cosecha del cereal [4], cuyos restos (mangos, dientes de sílex) podemos observar en todos los museos locales de nuestra provincia.

Hoces encontradas en el yacimiento de La Draga (Bayolas) http://www.banyolescultura.net/dragesp0.htm

Representación de hoces y otras herramientas del Museo Arqueológico de Castro del Río (E. Mellado, julio 2003)

De la importancia de los distintos de almacenes de grano o silos, la toponimia local nos da buen ejemplo. En Córdoba podemos encontrar el municipio de Las Sileras, la Cueva de La Silera de Benamejí [5], y cortijos como el Nuevo de la Silera, y como no, nuestra Silera.


Fragmento del mapa geográfico del Reino y Obispado de Córdoba (1797)

Francisco Espartero da buena cuenta de su historia, usos y cómo en 1991 fue derribado el edificio que todos conocemos por La Silera [6]. Para ver la importancia del esta población con jurisdicción propia se puede consultar datos adicionales sobre la titularidad de la propiedad, extensión y cultivos, entre otros, en el Catastro de Ensenada (1750-1754) [7].
En esta entrada intentaremos profundizar en el origen remoto de La Silera a través de la descripción de diferentes sistemas de almacenamiento de cereal que desde la época ibero-romana hasta la Edad Media se utilizaron en la comarca. Los más antiguos recuerdan los hoyos, pozos y galerías de La Silera, comentando incluso que al ser Cárcel durante algún tiempo, existían galerías que desde el Cortijo llegaban al Cerro de la Horca donde se procedía a la pena máxima. Los más atrevidos incluso llegaron a descender en tiempos mozos al interior de estas “galerías”. Sin embargo, en mis tiempos, lo único que recuerdo son las ruinas de un impresionante edificio en las que buscamos lagartos y bichos similares.

Panorámica del entorno de la Silera (E. Mellado, abril 2004)

Sobre los diferentes tipos de silos y su localización en la provincia de Córdoba, Pedro Lacort [8] nos ofrece una detallada descripción. La lista de Cortijos de la Campiña en los que aparecen silos subterráneos es amplia. Sin embargo, los encontrados en el Caserío del Gramalejo en Castro del Río y en el Cortijo Nuevo de la Silera en Córdoba son los más estudiados. José Antonio Morena aporta nuevos datos y en el municipio de Baena cita las estructuras encontradas el Arroyo del Pilar, Cortijo de Peñaomar, cerro de Santa Catalina y el Cortijo de Alcoba Alta [9].

Sección de dos silos del Caserío del Gramalejo (Castro del Río) [8]

Los silos descritos por Lacort y Morena presentan una estructura común con algunos detalles diferenciadores correspondientes a la época de construcción y posterior reutilización. Las estructuras suelen aparecer agrupadas, como un campo de silos de extensión variable. En Castro, se localizaron 10 silos en una parcela de 300 x 150 metros en la que sería probable encontrar nuevas estructuras. Diez son también los silos encontrados en el Cortijo Nuevo de la Silera. Se sitúan en zonas elevadas para evitar la acumulación de agua y la humedad en el suelo.

Sección de un silo del Cortijo Nuevo de la Silera (Córdoba) [8]

Los silos eran excavados a modo de pozos de planta circular con una profundidad variable de varios metros y en forma característica de “botella”. La boca se cubría con piedras cilíndricas o cuadradas. Algunos de los estudiados aparecen conectados, sin ningún tipo de recubrimiento mientras que en otros aparecen ladrillos de origen romano. De acuerdo con los restos encontrados en sus alrededores, el origen de las estructuras es anterior a la época romana (Cortijo del Gramalejo), aunque su uso se extiende en algunos casos hasta la Edad Media.


Boca de uno de los silos del Cortijo Nuevo de la Silera http://www.elpozuelo.org/tem08/sileras/sileras.html

De la Edad Media es también la estructura descubierta en el yacimiento de la Cueva de la Silera de Benamejí. En este caso se trata de una extensa galería excavada directamente en la caliza con varias dependencias, y como en el caso de otras estructuras similares, tuvo varios usos, como granero, almacén de ganado o refugio de bandoleros [5].

Cueva de la Silera [5]

Cerca de Albendín, también encontramos otras estructuras complejas que pudieron servir de granero durante la época romana. Se trata de un conjunto de construcciones realizadas en opus caementicium romano, conocido como las cuevas del Carchena. El conjunto se extiende sobre una superficie mínima de 10.000 metros cuadrados. La mayor parte de las edificaciones permanecen bajo tierra, con bocas abiertas que delatan su presencia. El conjunto incluye cuatro edificios aislados de planta rectangular con cubiertas abovedadas.


Croquis de los almacenes del complejo de las cuevas del Carchena [10]
Junto a estos almacenes aparece otra edificación a modo de gran galería abierta por ambos extremos de 31 metros de longitud y cubierta con bóveda de medio cañón. Si los edificios anteriores tenían la finalidad de almacenamiento de cereal, la complejidad y estructura de este nuevo edificio tendría funciones adicionales de tipo administrativo o de gestión de los productos almacenados.

Croquis de edificio singular del complejo de las cuevas del Carchena [10]


Vistas del exterior e interior del complejo de las cuevas del Carchena. Ver magnífica colección de fotos de nuestro buen amigo Emilio López http://www.flickr.com/photos/vertice1/sets/72157618646052929/

No sabemos qué tipo exacto de estructuras nos podemos encontrar bajo nuestra Silera. Lo silos subterráneos estudiador por Lacort y Morena podrían coincidir con algunos de los “pozos” y “hoyos” descritos por algunos de los que en su día conocieron el Cortijo y sus alrededores. Sin embargo, la alusión a galerías y túneles, nos haría pensar en estructuras de mayor tamaño como las descritas en el Carchena o en Benamejí.
Sobre su origen, el gran número de los restos romanos que se encuentran en los alrededores nos haría pensar en la época romana, aunque no descartamos épocas anteriores a la vista de yacimientos iberos de los alrededores. Tampoco descartamos la posibilidad de su uso hasta bien entrada la Edad Media, así como la existencia de estructuras más complejas dada la importancia y valor que en su día se diera al paraje en el repartimiento y posterior venta del Señorío de Albendín. La importancia de la Silera se mantuvo en el tiempo como se deduce de los datos correspondientes del Catastro de Ensenada (1752), aunque no hay referencia alguna a los silos en las 15 hojas de respuestas generales.
Tampoco descartamos la existencia de otras estructuras con función hidráulica o incluso que las descritas tuvieran esa misma finalidad. Al respecto, Lacort señala esta posibilidad en el caso del complejo del Carchena. Algunas de las descripciones que hemos recogido de varios vecinos de Albendín, incluyen tuberías y materiales de recubrimiento, que bien podrían ser conducciones de plomo y opus signinum, típicos de cisternas, aljibes y otras estructuras de almacenamiento de agua descritas en villas y localidades de origen romano en la propia campiña, no muy lejos de Albendín.
Ahora en pleno auge de puesta en valor de nuestro patrimonio arqueológico, La Silera pude convertirse en otro punto de máximo interés. En ella, encontremos huellas de nuestra historia, elementos monumentales de gran importancia, pero sobre todo, formas de vida mantenidas durante miles de años de nuestros antepasados.
REFERENCIAS
[1] LORING MIRO, J. (1981). La Campiña Cordobesa. Necesidad de un cambio estructural. Colección de Estudios Cordobeses 18. Excma. Diputación Provincial de Córdoba. 244 pp.

[2] LOPEZ ONTIVEROS, A. (1970). Evolución de los cultivos en la Campiña de Córdoba del siglo XIII al siglo XIX. Papeles del Departamento de Geografía 2: 9-77.

[3] MELLADO, E. (2010). Los Molinillos. Albendín desde la Torre. http://albendindesdelatorre.blogspot.com/2010/12/los-molinillos.html
[4] GIBAJA BAP, J.F. (2002). Las hoces neolíticas del noreste de la península ibérica. Préhistoires Méditerranéennes [En ligne], 10-11 2002, mis en ligne le 23 avril 2009, consulté le 08 janvier 2011. URL: http://pm.revues.org/index254.html
[6] ESPARTERO ESPARTERO, F. Albendín. Apuntes para su historia.
[8] LACORT, P.J. (1985). Cereales en Hispania Ulterior: Silos de Época Ibero-Romana en la Campiña de Córdoba. Habis 16: 363-388.
[9] MORENA, J.A. (2007). Evidencias arqueológicas sobre almacenamiento de cereales y producción de aceite de oliva en Baena en la Antigüedad. Singilis: publicación del Museo Arqueológico de Puente-Genil 6: 1-11
[10] LACORT, P.J. (1982). Sobre las construcciones romanas del Carchena. Habis 13: 171-188.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los Molinillos

Los Molinillos da nombre a un cerro del entorno de Albendín en el que la abundancia de restos arqueológicos delata la presencia de un importante asentamiento que se extiende desde la etapa final de neolítico, hace 5000 años, hasta la época visigoda (s. VII).

En una entrada anterior ya hemos presentado algunas de las características y valores de este yacimiento arqueológico, sin duda, uno de los más importantes de la comarca, y de acuerdo con algunos de los restos excavados, también de la península [1].

Es un topónimo que no aparece en la cartografía consultada. El cerro nombrado se localiza en el ámbito del Paraje de Morana, concretamente cerca del Cortijo de Morana Baja. Igual que en otros casos en los que el topónimo se utiliza en otros parajes, como Los Molinillos de Nueva Carteya, su nombre alude a la riqueza arqueológica del lugar, sobre todo a la cantidad de piezas de moler [1], y en particular a los restos de molinos rotatorios.

Desconocemos el tipo y tamaño de los molinos a los que aluden otros arqueólogos que visitaron la zona en los 60 según la cita de Morena. De acuerdo con los restos que hemos visto en colecciones particulares y museos, existirían varios tipos y tamaños, incluyendo molinos de mano de tipo barquiforme o de vaivén de épocas más antiguas, así como los diferentes tipos y tamaños de molinos circulares o rotatorios [2] a los que se refieren los autores, y que pueden encontrarse no muy lejos del yacimiento [3].

Molino de mano (Neolítico). Fuente: http://imagenes-palabras.blogspot.com/2007/07/el-neoltico.html

Molino de mano. El Taratrato (Alcañiz, Teruel). Fuente: http://www.terueltirwal.es/teruel/teruelibero.html

Molino circular de la época Ibérica. Fuente: http://www.amigosdelcabriel.es/showthread.php?t=301

Piedra de molino de vaivén con resto de tégula romana. Fuente: http://cuadernosdebujalance.blogspot.com/2009/12/el-tesorillo.html


Piedra de molino circular de grano. Fuente: http://cuadernosdebujalance.blogspot.com/2009/12/el-tesorillo.html


[1] MORENA, J.A. (1994). El poblado y la necrópolis norte del Cerro de los Molinillos: Albendín (Córdoba). Estado actual de la Investigación. BRAC 126, 159-191.
[2] CHECA, A.; JIMENO, A.; JOAN-TRESSERRAS, J.; BENITO, J.P.; SANZ, A. Molienda y economía doméstica en Numancia (Numancia). http://www.artehistoria.jcyl.es/numancia/contextos/12605.htm
[3] ABRIL, J.M. (2009). El Tesorillo. http://cuadernosdebujalance.blogspot.com/2009/12/el-tesorillo.html

martes, 30 de noviembre de 2010

Los Molinillos, pasado y futuro

En varias ocasiones hemos llamado la atención sobre la riqueza arqueológica de Albendín y su entorno. El cerro de los Molinillos es uno de los parajes cercanos en los que el número y tipología de los restos encontrados ponen de manifiesto la importancia de esta población en la historia antigua de nuestra comarca.
Entre una ola de noticias en torno a los trabajos y hallazgos arqueológicos de Torreparedones, a principios de este año, Europa press se hace eco de la ampliación de la colección de arte ibérico del museo arqueológico de Baena con una nueva escultura procedente del Cerro de los Molinillos [1].

Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/611692/0/

Para los que vivimos en Albendín, la pieza es bien conocida como otras esculturas zoomorfas de leones, lobos y toros que se han encontrado en parajes cercanos como Morana y Vafresno. Estas y otras piezas encontradas se asocian a varias zonas de enterramiento o necrópolis del poblado de Los Molinillos.

Fuente: [3] http://arqueologiaencordoba.blogspot.com/2008/11/yacimientos-olvidados-de-la-provincia-i.html


En el Cerro de Los Molinillos se encuentran los restos de una población con un valor arqueológico de gran importancia como otras localizadas en sus proximidades en Torreparedones, el Cerro del Minguillar, Izcar y nuestro Montecillo.

El cerro se localiza en la margen izquierda del Guadajoz junto a la carretera de Andújar. Todos los que hemos paseado por las orillas del río, sin ser expertos en el tema, hemos podido ver numerosos restos de cerámica en los regajos que el agua crea en las terrazas más elevadas. Esta acumulación de materiales ya da idea de la importancia de un yacimiento habitado según el material encontrado hasta la fecha desde el Bronce Final hasta la época visigoda [2].

Primeros pobladores
Según Morena, el poblamiento del cerro se iniciaría durante el Calcolítico como en el caso de los asentamientos similares de Ategua, Izcar o Torreparedones. Sin embargo, los restos más antiguos pertenecen al Broce Final. Se trata de restos de cerámicas de diferente tipología y tamaño de cuencos, platos o recipientes para el almacenamiento y transporte de alimentos sólidos y líquidos. Durante este período, el asentamiento alcanzaría un desarrollo importante y se construiría la muralla defensiva característica de este tipo de asentamientos (oppidia). A diferencia de otros yacimientos, la muralla desaparecería a manos de buscadores de piedras para la construcción.

El mundo Íbero
A esta etapa pertenecen los restos más conocidos del yacimiento. Junto con abundantes restos de cerámica de la época, en los Molinillos se han encontrado varias esculturas zoomorfas así como alguna figura antropomorfa.

Fuente: [3] APHC. Arqueología y Patrimonio Histórico de Córdoba


La época romana
A pesar del tamaño del yacimiento, se desconoce la importancia del asentamiento durante la época romana. Aunque todavía no se ha encontrado ningún epígrafe sobre su antigua denominación, Los Molinillos sería una ciudad importante a raíz de los restos romanos encontrados, incluyendo infraestructura hidráulica y un posible edificio público con un pavimento de losas de caliza micrítica reutilizadas posteriormente en algunas tumbas de la necrópolis.

El poblamiento romano continuaría durante el Bajo Imperio y llegaría a la época visigoda. Según Morena, la población pierde importancia a lo largo del tiempo y queda deshabitada con anterioridad a la invasión musulmana.

El entorno de Los Molinillos, La necrópolis
Las intervenciones arqueológicas realizadas por Morena en los 90 pusieron de manifiesto la importancia del entorno del asentamiento original. Aunque se han encontrado restos de viviendas en la margen derecha del río y un posible horno de pan del Bronce Final, los restos más importantes pertenecen a varios grupos de enterramientos, en los que destaca un posible monumento funerario colectivo de singular relevancia y único en la provincia. Aunque no se encontraron elementos (ajuar) que pudieran datar la estructura, la tipología y tamaño del enterramiento comparable a otros yacimientos en Tarragona y Murcia, el enterramiento podría incluirse entre los siglos IV a.C y V.

Son también de interés los resultados de la excavación de otro grupo de enterramientos. En este caso, su disposición y tipología podrían indicar la existencia de alguna iglesia, basílica o ermita rural paleocristiana en la que se enteraban a su alrededor a los fieles.

El futuro de Los Molinillos
Para Morena, a pesar de su importancia, el Cerro de Los Molinillos era en los 90 uno de yacimientos poco o nada valorados de la comarca. Veinte años después de los trabajos de que recogemos en esta entrada, el yacimiento sigue siendo objeto del olvido [3] y por tanto del saqueo y expolio que fueran denunciados por Morena.

Con la aprobación de la nueva Planificación Urbanística y Territorial del Municipio de Baena [4], el Cerro de Los Molinillos se reconoce como parte importante de su patrimonio arqueológico. Su estudio y protección deberá incluirse en la Carta Arqueológica de Riesgo que el Plan propone como instrumento básico para establecer la correcta tutela del Patrimonio Arqueológico municipal, y así adoptar como en otros yacimientos las medidas de protección establecidas por la legislación aplicable y potenciar su uso científico y didáctico.

La recuperación del león de los Molinillos fue un paso importante como ojalá así sean los trabajos que en este ámbito de actuación se inicien desde la iniciativa municipal similares a los del Castillo de Baena o Torreparedones.


[1] http://www.europapress.es/andalucia/noticia-cultura-leon-iberico-procedente-yacimiento-cerro-molinillos-regresa-baena-20100121143735.html
[2] MORENA, J.A. (1994). El poblado y la necrópolis norte del Cerro de los Molinillos: Albendín (Córdoba). Estado actual de la Investigación. BRAC 126, 159-191.
[3] http://arqueologiaencordoba.blogspot.com/2008/11/yacimientos-olvidados-de-la-provincia-i.html
[4] AYUNTAMIENTO DE BAENA (2002). Plan General. Baena, de la agrovilla a la urbanidad. Avance.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Un recuerdo

Sabemos que tarde o temprano llega como final e inicio del ciclo de la vida. Somos conscientes que no hay vida sin muerte como noche sin día. A pesar de todo, cuando alguien se va lloramos su partida, sentimos algo en el estomago que nos angustia y el corazón se nos encoje. Sea a cuál sea nuestro convencimiento religioso o ética personal, nuestro primer sentimiento ante la muerte es de tristeza, lamento vestido de tragedia cuando la vida se parte de golpe como la de Antonio y no hace mucho la de Rafael.

Para sus familias mi más sincero abrazo, como un consuelo más de los muchos que os acompañaron o que lo hacen en estos momentos. Para Rafael mi recuerdo, los ratos de charla en la puerta sobre el aceite, el pueblo o la huerta. Para Antonio la memoria, la de la reforma de la casa o el proyecto de pesca, en el parque o en el embalse.

Ninguno de vosotros, como ninguna de las personas que nos dejaron en estos últimos años, quedareis en el olvido. Quede mi homenaje colectivo a través de la imagen gráfica de Antonio entre aguas y olivos de Vadomojón, cerrando el video que con Virgilio preparamos sobre el embalse y Albendín. Igual que su lance quedó reflejado en imágenes, su vida quedará grabada para siempre en nuestro corazón.

Un fuerte abrazo.

domingo, 3 de octubre de 2010

La Laguna de Consuegra, 2 y final

Como algunos sueños que al despertar quedaron fuera de la memoria, la imagen de la laguna de Consuegra pasó entre nosotros sin pena ni gloria. El tiempo cura heridas, pone en su sitio a cada uno, y lleva también al olvido.
El sol quema y arrasa con el agua, eso ya lo sabemos. Pero la bomba y el riego sin estar en el agua también acaban con el agua fresca del pozo y de su entorno. Secos como la laguna así aparecen ya los pozos cercanos. La aceituna está gorda y llena de agua, pero la laguna seca, muerta y olvidada.

Ya hay suelo para la grada, para el hoyo y el olivo. Se vuelve a la partida arrastrando con el cinco de oros y como siempre, la naturaleza pierde el cante, el de las veinte o el de las cuarenta. Se juega con oros, pero pintan bastos en un juego perdido de antemano.

1 de mayo 2005


Para todos aquellos que hicieron caso de nuestra invitación, gracias por venir y compartir con nosotros la memoria natural de nuestro entorno. Pero para la laguna, mi consuelo. Ni hubo tiempo ni iniciativa de profundizar en su conocimiento y menos en su conservación.


2 de junio de 2010

Ojalá que con calma, sin daño ni estropicio, el agua nos haga soñar otra vez con ánades, garzas, flamencos y malvasías. Ojalá que vengan otros tiempos en los que veamos lo natural como algo a conservar en beneficio de la biodiversidad así como en el de nosotros mismos.



2 de octubre de 2010

domingo, 26 de septiembre de 2010

Guadajoz

Retomamos nuestra toponimia. En un día como el de hoy, día mundial de los ríos, la entrada no podía ser otra que la de nuestro Guadajoz.

Guadajoz es nombre del río que baña la Vega de Albendín. En la cartografía y los textos antiguos aparece también la variante Guadaxox, pero también otros nombre como Víboras, Almedinilla o Salado aludiendo a las aguas de los afluentes de cabecera o a lo salado de sus aguas. Es esté carácter salino al que en su día los romanos recogieron con el nombre de Salsum (Flumen), y el que con el tiempo se convertiría en el Wadsus/saws/salado.

Con el nombre de Guadajoz también se denomina a una pedanía de Carmona a pie del Guadalquivir que toma el nombre del arroyo cercano o del nombre antiguo del Corbones, río que junto al Guadaira, corre por la campiña sevillana. Guadajoz se utilizó también en su día para nombrar a uno de los grandes ríos de Andalucía, el Guadalhorce, como derivación de Guadalquivirejo.

Si al Guadalhorce se le conoce como el río del trigo, el Guadajoz lo es como el río del pan. Aunque no hay fuentes documentadas de esta asociación, la historia recuerda la importancia de los molinos harineros en Castro y en el propio Albendín.

Por último, también se conoce el Guadajoz como el río de la Turbia aludiendo a lo turbio de sus aguas. Sin embargo, puede que lo turbio haga relación al típico curso meandriforme y no tanto a la naturaleza de sus aguas. Así ocurre con el Guadalhorce cuando es llamado también con el mismo nombre. Puede que este sea también el origen de una frase típica de Córdoba cuando se dice viene más turbio que el Guadajoz cuando alguien pasado de copas divaga de acera a acera como el propio curso del río.